ASESINO EN SERIE

Cinco meses de investigaciones le han traído a esta aquí. Cinco meses en los que ha perseguido sin descanso a ese hijo de puta. Cinco meses en los que lo ha arriesgado todo para acorralarlo y darle caza.

Es lo que tienen los asesinos en serie.

Y este es uno de los más letales con los que Méndez se ha encontrado a lo largo de su extensa carrera como detective.

Ya se ha enfrentado a otros similares, otros con el mismo perfil psicológico y casi idéntico mudus operandi. Gracias al estudio minucioso que ha realizado de todos ellos, está a punto de atraparlo.

Méndez repasa sus notas una vez más.

Sabe que el asesino no sigue un patrón establecido a la hora de elegir a sus víctimas, tan solo se centra en atacar a las más vulnerables, a las que considera más débiles y puede manipular de algún modo para dejarlas en una situación de completa sumisión. Busca acabar con ellas. Le gusta sentir que tiene el control en todo momento. Más de una vez se ha equivocado en su elección y ha visto cómo su víctima conseguía escapar de sus garras. Eso le molesta, pero no regresa a por ellas sino que elige otras al azar dentro del grupo de vulnerabilidad. Méndez sabe que, aunque el homicida es fuerte, se acerca a personas con las que no tendrá que luchar demasiado.

Esa falta de empatía presentada por el asesino múltiple le indica a Méndez que éste utiliza sus asesinatos para obtener un beneficio. Quiere aliviar una frustración, una carencia, un defecto.  Méndez añade a sus notas que podría tratarse de una persona con un defecto físico congénito, algo parecido a una mutación genética.

Anota también que esta malformación no debe de apreciarse a primera vista y que el comportamiento social del agresor no manifiesta elementos extraños que alerten a sus víctimas, ya que es capaz de acercarse a ellas con demasiada facilidad incluso dentro del estado de alarma en el que nos encontramos en estos momentos. Por lo tanto, lo dibuja en sus notas como un ser con una elevada capacidad de seducción, alguien que, con frecuencia, establece relaciones con cierta facilidad, aunque bastante superficiales.

En este caso, Méndez pondría la mano en el fuego a que el asesino proviene de una familia o entorno desestructurado, con un alto nivel de violencia. Probablemente ha visto cómo otros seres de su entorno más cercano eran, al igual que él, asesinos múltiples. Aunque no en un grado tan despiadado como el suyo.

Un dato importante es que al asesino no le importa recorrer grandes distancias para cometer sus crímenes. Eso sí, no perpetra uno solo en cada lugar al que se desplaza, sino que parece ensañarse y sumar víctimas en su historial.

La experiencia le habla a Méndez de un perfil psicopático, de un asesino organizado que padece un trastorno del carácter, de origen desconocido, que altera su conducta hasta convertirlo en un criminal.

Y siempre utiliza la misma arma.

Méndez aparta sus notas, comienza a dolerle la cabeza. Siente que cada vez está más cerca de su presa, que la tiene delante de sus narices, y empieza a desesperarse por no dar con ella, con ese asesino en serie que nos ha traído a todos hasta aquí.

Como en otras ocasiones, Méndez ha dejado su domicilio habitual para perseguir al asesino. Necesita recabar pruebas que verifiquen los delitos que ha cometido para poder acabar con él. Y es aquí, en este pequeño apartamento que alquiló cerca al del múltiple homicida, donde le ha tocado vivir el confinamiento.

Cada tarde lo imagina saliendo al balcón y sonriendo a sus vecinos. Recorriendo con la mirada el rostro de cada uno de ellos, estudiando sus movimientos, aprendiendo sus costumbres. Méndez intuye que está buscando su próxima víctima, la que le falta para conseguir completar su macabro puzzle.

El asesino sabe que Méndez lo vigila, por supuesto que lo sabe. Y Méndez no es una excepción; se encuentra entre sus víctimas potenciales. Se han cruzado hace pocos días en una de las escasas visitas que Méndez ha hecho al supermercado. De hecho es allí donde el asesino actúa la mayor parte de las veces. Allí o en cualquier otro lugar al que nos permiten acudir durante esta interminable cuarentena. Curiosamente, solo en casa estamos a salvo. Aunque no siempre. Por eso el asesino nos vigila. Para encontrar ese detalle que nos convierte a todos en víctimas vulnerables en cualquier lugar y en cualquier momento.

Méndez coge su billetera y las llaves del apartamento antes de salir de casa para caminar hasta la farmacia. Desde que la semana pasada le estornudó en la cara aquella mujer en su visita al supermercado, no se siente bien.

La luz del sol en la cara le ayuda a pensar. Es lo que hacía antes de este terrible virus que ha conseguido acabar con tanta gente: caminaba para aclarar sus ideas.

Como está haciendo hoy.

Ahora lo ve claro. Ya sabe quién es el asesino en serie al que lleva cinco meses buscando. Lo malo es que, esta vez, el asesino ha sido más rápido.

¡Maldito coronavirus!

Voz: Carmen Ramírez (Cadena Dial)