DESFASANDO

¡Ya era hora de que se pirase toda esta gente! ¿Cuánto tiempo llevamos encerrados con ellos? ¿Días? ¿Semanas? ¿Meses?

¡Años! ¡Parecen años!

Que sí, que ya sé que la casa es suya. Y que nos eligieron ellos. Incluso a algunos os montaron. Pero eso de que estén veinticuatro horas al día, siete días a la semana, cuatro semanas y media al mes sin darnos un respiro, eso no hay mobiliario que lo aguante.

Antes era diferente. Entre el cole y los trabajos teníamos nuestros ratitos de descanso, ¿verdad, chicos? A ti, sofá, durante esas horas en las que faltaban de casa te liberaban de arrellanamientos salvajes. Que sí, que vale, que cuando volvían cansados se abalanzaban sobre ti como si fueras su fisioterapeuta y buscaran una sesión de recomposición corporal completa, o te aplastaban durante horas cada vez que se enganchaban a alguna serie de esas de mantita y cojín, o te ocupaban por completo cuando venían visitas. Aquello estaba bien, ni mucho ni poco. En su justa medida. ¿Recordáis cómo, durante las vacaciones de verano, añorábamos los fines de semana fríos y lluviosos? Esos fines de semana helados en los que se quedaban en casa y nos hacían caso. Nos trataban como si fuéramos de la familia.

Pero lo de ahora es explotación.

¡Ay, Sofá, se te van a atrofiar los muelles de tenerlos todo el día encima!

A ti, horno, casi te calcinan. No habías trabajado tanto en tu vida. Empezaste con aquellas galletitas, ¿recuerdas? Luego fueron los bizcochos, los muffins, las rosquillas, las empanadas, los hojaldres, los pasteles y todos los bollos imaginables. De verdad te digo que aspiradora y yo estábamos preocupadas porque un subidón de azúcar, a tu edad, no puede ser nada bueno. Es que era un no parar, que si como ya he encendido el horno para asar un pollo por qué no seguimos con unas barritas de pan de pueblo y terminamos con un panettone. Tú, que estabas acostumbrado a un par de pizzas a la semana y a un pescado a la sal de vez en cuando.

¿Y Tele? ¿Qué me decís de Tele? Mírala, no tiene ni pilas en el mando a distancia. Y en lugar de ponerle pilas nuevas, venga a darle golpes. Como si así se fueran a cargar. La pobre ya no sabe ni en qué canal está. Que si vamos a escuchar las noticias del coronavirus, que si quita las noticias que ya estoy harto de tanto coronavirus, que si pon el Disney Chanel o el Clan que se entretengan los niños que no me da la cabeza para más manualidades, que si ponme Antena3 a ver si tengo suerte y echan una película de amor y lujo y me duermo la siesta, que si vamos a ver algo de Netflix, o mejor de HBO, o de Amazon Prime… Sí, ya sé, Tele, lo peor es cuando te enchufan la consola, que tú eres muy sensible. La de barbaridades que salen por la boca de ese crío en cuanto coge la Play. Por cierto, Play, ¿cómo estás? Te deben doler todas las teclas de los mandos. ¡Menudo salvaje!

Lavaplatos, tu tampoco has parado. Como ahora comen y cenan todos en casa, no das abasto. ¡Y la de cacharros que ensucian con ese nuevo afán pastelero! ¡Pobre lavaplatos! Te llenan de moldes de todo tipo y tamaño, de espátulas, de varillas de batir, de boles, de separadores de clara y yema, de tamizadores, de platitos y cucharillas. ¡Y tus aspas venga a girar! Un día de estos te sales.

No te enfades, Lavadora, que ya sé que tú también te estás dejando la vida en este asedio. ¡Qué codicia por la desinfección! ¡Todo el día lavando a altas temperaturas para matar el virus! ¿Qué virus? Si no habéis salido de casa en un mes y no hacéis más que echarnos lejía por encima, ¿cómo vais a pillar ningún virus? ¡Y ahora, con eso de la fase 0, cada vez que vuelven a casa venga a lavar otra vez!

Yo no es que quiera quejarme, pero deberíamos trazar un plan de defensa o acaban con nosotros.

A ver, Cama. Relájate y ponte cómoda de once de la noche a ocho de la mañana, que no remoloneen tanto encima de ti o te van a descoyuntar el somier. Las camas de los niños os adaptáis a su horario de sueño según edad. ya sabéis. El resto del tiempo os quiero duras como piedras.

Maletas, vosotras sois las que más estáis descansando, así que si alguna vez os pedimos que os guardéis algo dentro, como las esterillas de gimnasia o las pesas, por favor, no os abráis enseguida, que Suelo está hasta el gorro de que le troten y le suden encima al ritmo de Patri Jordán.

Nevera, deja tu luz apagada de vez en cuando o te van a arrancar la puerta de tanto abrirte. ¿Cuántas veces al día te abren? ¡Ni se sabe! Unas por necesidad y otras por aburrimiento, pero no paran. Lo bueno es que te tienen bien abastecida, sobre todo de dulces.

Despensa, tú ya estás liberándote de tanto rollo de papel higiénico, ¿no? Menos mal, estabas a puntito de desmoronarte de tanto peso acumulado en solo dos baldas por culpa de tanta celulosa en los tres estantes inferiores. ¡Ni que el Coronavirus fuera un virus estrictamente intestinal!

Y vosotros, Juguetes, no os quejaréis. Nunca os habían hecho caso tantos días seguidos. Si, ya sé que ahora los protagonistas vuelven a ser Patinete y bici, pero en cuanto pase la hora del paseo diario volverán a abalanzarse sobre vosotros.

¡Uy, por cierto! ¡Oigo pasos! ¡Creo que ya vuelven!

¡Todos a vuestros puestos!

Solo yo me quedo paseando por el suelo, recogiendo suciedades.

¡Ay, qué ganas de ir pasando fases y llegar a la nueva normalidad!

Voz: Carmen Ramírez (Cadena Dial)