GATOS

El único que pasea por la calle es ese gato, el marrón al que le gusta maullar por las noches justo en nuestra puerta, ¿sabes cuál te digo? Lo veo desde la ventana, avanzando con pasos lentos y cadenciosos, escudriñándolo todo con sus ojos de gato, sabiéndose el amo. Míralo, mira cómo cruza la calle, con qué chulería. Ningún coche va a cegarle con sus faros ni le va a aplastar una de sus siete vidas. ¿Cuántas crees que le quedan? ¡Bah! Está viejo y lo sabe. Tiene suerte, debe de andar por la sexta.
Una vez leí un libro sobre un ladrón de bancos que pasó la mitad de su vida en la cárcel y, cuando cumplió condena, lo primero que hizo fue atracar al guarda que le abrió la puerta para que lo volvieran a encerrar. Creo que estaba más viejo que ese gato, y mucho más asustado.
Como nosotros.
Deberíamos salir, ¿no crees? Hace demasiado tiempo que acabó la pandemia y tú y yo aquí seguimos, sin atrevernos a dar un solo paso fuera de esta casa. Encerrados al final de un callejón oscuro en el que solo se adentran los gatos. Sí, ya sé que deberíamos esperar a que vengan a buscarnos, que en nuestro caso eso sería lo normal. Pero es que nadie viene, mujer, y yo ya me estoy cansando. Yo llevo solo mucho más tiempo que tú.
Cómo te rugía el pecho con las toses, parecía que te ibas a ahogar. Y no había quién te bajara la fiebre. Menos mal que yo me mantuve limpio y pude cuidarte. Te ponía paños fríos en la frente y en las muñecas para que te sintieras mejor. Los del hospital dijeron que no te llevara. ¿Qué sabrán ellos? Aseguraron que, con tus ochenta años, era mejor no moverte y prometieron venir a ajustarte el tratamiento. Pero nunca aparecieron. Y luego fue al revés, ¿recuerdas?: dejaste de toser y comencé yo con las sibilancias en el pecho, los dolores de cabeza y la fiebre.
De eso hace mucho tiempo, demasiado.
Mira, vuelve el gato. Le siguen los otros. Creo que vienen hacia aquí, a maullar en nuestra puerta. Tienen hambre, cada vez están más flacos.
Solo espero que, por fin, alguien se deje car por este callejón. Llevo tres años sentado en este sillón, frente al ventanal, y no sé cuánto tardarán los gatos en derribar la puerta.

Voz: Carmen Ramírez (Cadena Dial)