AQUELLA VEZ EN BERLÍN

Hace poco, antes de que empezara todo este desbarajuste mundial, la escritora María José Moreno se puso en contacto conmigo para proponerme presentar en Madrid su última novela: Aquella vez en Berlín. Acepté sin vacilar a pesar de no haber leído todavía la obra. Conocía su Trilogía del mal, editada también por Versátil, y no tenía dudas sobre la calidad de su nueva novela.

Comencé a leerla, como siempre hago, con un lápiz entre mis dedos. Quienes me conocen bien saben que desgrano las lecturas que pasan por mis manos siempre con la intención de aprender. No suelo hacer reseñas, reseñas públicas, se entiende, aunque siempre escribo anotaciones personales sobre mis impresiones acerca de lo leído, tanto del contenido como del estilo literario.

Voy a contaros las que he sacado de Aquella vez en Berlín.

Lo primero que me ha llamado la atención ha sido la trama de la novela. Supongo que, tras haber leído las anteriores obras de Maria José, esperaba encontrarme frente a otra historia negra psicológica, pero pronto descubrí que Aquella vez en Berlín es una narración intimista centrada en los secretos que ocultan sus personajes. Richard, Thomas y Marie son el eje de esta novela en la que el desarrollo emocional y la creación de los primeros vínculos afectivos de los protagonistas sustentan el argumento: Richard, un arquitecto alemán afincado en Londres, recibe la visita del señor Parker, un detective privado que le verifica una información que trastocará su vida.

María José ha logrado crear unos personajes creíbles y perfectamente definidos que dan verosimilitud a su historia. Son personajes que van evolucionando a medida que el lector avanza en las páginas de la novela, lo que consigue que empaticemos con ellos y necesitemos permanecer a su lado a lo largo de la narración para compartir la trama que los envuelve como si fuera propia.

La forma en la que María José comienza la narración de esta novela me parece magistral. No nos cuenta, sino que nos muestra, a través de un estilo claro y conciso, lleno de verbos y sustantivos repletos de fuerza, cada uno de las escenas en las que se desarrolla la acción. Todo esto consigue que, ya desde la primera página, los lectores nos quedemos atrapados y no podamos soltar la novela hasta terminarla.

Los capítulos poseen diferentes narradores. Pasamos de la primera persona, protagonizada por Thomas, el secretario personal de Richard, a un narrador omnisciente que nos da la posibilidad a seguir de cerca al resto de personajes. María José juega también con un movimiento temporal que nos acerca aún más, si cabe, al fondo de esta historia tan bien trazada.

Después de leer la novela estoy deseando que la vida vuelva a la normalidad para poder realizar esa presentación que nos hemos visto obligadas a aplazar y preguntar a María José un sinfín de detalles que hacen de Aquella vez en Berlín una increíble lectura.

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